Desgracias.

Yo lo sentí. Sentí como tu mirada recorría mi cuerpo con incertidumbre. Con ganas, duda. Yo sólo intentaba esconderme, mientras una sonrisa cabezota, no se iba de mi cara. No conseguí que abriera los ojos y viera la realidad. No conseguí que se fuera y por no hacer caso a mi realidad, se fue de una patada y desapareció.
Desapareció sin apenas decir nada, esfumándose como un suspiro, más rápido de lo que quisiera desear, más rápido que un pestañeo, más rápido que un beso, o un te quiero, o un abrazo, un deseo, más rápido que esas cosas que podrían haber sido, y por desgracia mía no fueron.